Alba Gimeno, Psicóloga Clínica y Neuropsicóloga

Acepta, Suelta y confía

“Acepta” 🌿

 

El dolor forma parte inevitable de la experiencia humana. No vamos a poder evitarlo ni controlarlo, pero sí podemos aprender a manejarlo.

Vivir el malestar como algo natural y no peligroso implica comprender que podemos sostenerlo sin quedar atrapados en él.

No obstante, el trabajo de aceptación es un proceso muy complejo. Aceptar es un verbo y, como tal, implica acción: reconocer el sufrimiento, permitir que esté presente, compartirlo, procesarlo e integrarlo. Es, en definitiva, dejar de luchar contra lo que ya está sucediendo y nos hace sufrir.

Cuando permanecemos anclados en la evitación o la rumiación, pensando y sintiendo de la misma manera, ese proceso de aceptación probablemente nunca vaya a llegar. La aceptación aparece cuando somos capaces de movernos a través de aquello que nos duele.

NUESTRO SUFRIMIENTO REQUIERE ACCIÓN. El dolor promueve la ACCIÓN y, cuando se transforma, se ACEPTA. ¿Qué puedo hacer para aceptar lo que tanto dolor me causa?

 

“Suelta” 🕊

 

Soltar tiene que ver con dejar atrás aquello que ya no nos acerca a la vida que queremos vivir: creencias rígidas o formas de estar en el mundo que ya no encajan con quienes somos hoy. No se trata de olvidar, sino de elegir conscientemente no seguir cargando con lo que nos aleja de nuestros valores.

Por eso es importante revisar si estamos dando prioridad a lo verdaderamente valioso o si, por el contrario, seguimos respondiendo a expectativas aprendidas, ajenas o impuestas, que ya no nos representan y son incoherentes con la vida que queremos llevar.

Soltar también implica rendirse, y rendirse no es fracasar. Es permitirnos dejar de luchar contra lo que no podemos controlar y confiar en que la vida nos guíe hacia donde necesitamos estar.

 

“Confía” 🌟

 

Confiar es uno de los actos más valientes. Implica confiar en uno mismo, en la capacidad de atravesar el malestar, adaptarse y seguir avanzando sin tener la certeza de lo que va a pasar.

El cambio suele ir acompañado de miedo, pero eso no significa que exista un peligro real. Evitar aquello que tememos solo debilita nuestra confianza. Cuando entendemos que el malestar no es una amenaza, podemos empezar a afrontarlo con los recursos que tenemos.

Confiar también implica aceptar que volveremos a sufrir en otros momentos de la vida, pero sabiendo que no somos los mismos de antes. Hemos aprendido, hemos desarrollado herramientas y podemos responder de otra manera.

Cultivar la calma y tratarnos con amabilidad en los momentos difíciles refuerza la confianza en nosotros mismos. Confiar es, en definitiva, permitir que el miedo deje de ser un enemigo y se convierta en un aliado que nos guíe en el camino.