La metáfora de la vasija

Nuestra vasija no está para que otros la llenen. Está para aprender a sostener lo que contiene.

 

Cuando esperamos que los demás llenen nuestra vasija (afecto, validación, calma, sentido), nos quedamos sometidos en una relación de dependencia: cualquier ausencia, distancia o cambio se vive como pérdida o vacío.

 

El desapego no significa frialdad, sino libertad. Nos permite crear vínculos sin necesidad de depender del otro. Es algo así cómo: “puedo estar contigo, pero no dependo de ti para estar bien conmigo”. Así, construimos una vida plena, auténtica y responsable de nuestro propio bienestar.

 

El trabajo terapéutico no consiste en buscar quién la llene, sino en aprender a cuidarla, sostenerla y responsabilizarnos de su contenido: reconocer nuestras necesidades, cuidarnos, establecer límites y buscar múltiples fuentes de bienestar —arte, naturaleza, movimiento, aprendizaje, autocuidado.